La arbitrariedad de tus semejantes te provoca una profunda desazón. Debes ser como todos te dictan… sino serás un paria social. Padres, amigos, conocidos… se dedican a infundirte normas de conducta constantemente. Lo que ellos no advierten, es que no estas capacitado para seguir los dogmas de fe que tan ansiosamente te inculcan.
Tu incapacidad no reside en tu voluntad… son tus impulsos los que te convierten en alguien sin capacidad para seguir las normas, los horarios o cualquier actividad que te implique seguir un orden impuesto por alguien, ya sea cercano o ajeno.
No entiendes porque te ocurre. Sabes que lo que vas a hacer está mal, que es una estupidez, que no te conducirá a nada bueno… sino… a un gran error… y sin embargo, tienes que llevarlo a cabo. Te sientes imantado… irremediablemente enganchado hacia aquello que te censuran.
Eres plenamente consciente de lo que has de hacer y no te importa lo más mínimo… porque actuar al contrario de lo que tu prójimo desea, te produce ese éxtasis… ese impulso eléctrico de excitación que traspasa tu cuerpo y tu mente… como un gran rayo en una noche de tormenta.
Siempre has sabido que no querías ser tal y como otros te dictan, sean quienes sean. Lo prohibido te atrae sobremanera, lo cuál se debe a tu adicción por destruir todo límite que estorbe tu evolución personal.
Este comportamiento rara vez te beneficia, aunque… en ocasiones este modo de proceder… te salva de cometer gilipolleces durante un tiempo. Absurdos de los que tu prójimo se siente orgulloso. Aún recuerdo como mis compañeros de colegio se obsesionaron con lograr que fumase. Tenía doce años y soporte mucho. La situación se alargó hasta mis diecisiete años. Me gustaba ser diferente, me negaba en rotundo a dejarme manipular por nadie. Claro que odiaba esa tontería de “prohibido fumar hasta los dieciocho” así que empecé a fumar trece días antes de la mayoría de edad. E aquí uno de los fallos que este modo de ser te instiga a cometer.
No puedes evitar nadar contra corriente, es tu naturaleza… un salmón que remonta a fuerza de dolor y esfuerzo el interminable río de la vida. Eres un rebelde.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario