martes, 30 de octubre de 2007

EL ÁNGEL ERRANTE:

Una vez conocí a un ángel, era de Bermeo. No tenía alas, pero su luz iluminaba todo lo que le rodeaba, cada cosa que tocaba, a cada persona que amaba. Sus cabellos eran fuertes hebras de plata que rodeaban su rostro, sus manos… muy grandes podían coger el mundo en un solo gesto, su semblante algo ceñudo se traicionaba constantemente por el brote de una sonrisa.

Contaba sus aventuras en barcucos pesqueros que surcaban las olas en busca y captura de los hijos del mar. Aferrado a las aguas, a la prolongación del cielo del que nació, transcurrió nostálgico durante años viendo sucederse luz y oscuridad, sol y luna… hasta la mañana que decidió adentrarse entre los hombres.

Descubrió el amor en una fémina con nombre de reina y ya jamás pudo separarse de ella. Dedicó su vida a cuidarla, a servirla, a satisfacerla… pero sobretodo a quererla. De la unión de sus raíces brotó su árbol familiar.

Los años corrieron velozmente y el ángel fue llamado por Dios a abandonar la Tierra. El amanecer de un triste trece de abril, de pronto desapareció, pero las semillas de cariño que sembró pervivirán siempre en nosotros. Nos volveremos a ver abuelito.

domingo, 28 de octubre de 2007

Las mañanas soñando contigo

Sentada en una amplia sala, fingiendo hacer ejercicios de matemáticas, fumando, tomando café y ensimismada pensando en tu mirar. Ansiando con hacer mías esas dos estrellas de color castaño. Esperando que algún día el torrente de lava de tus labios rozase mi boca.
Soñando que me pronunciases un te quiero.

Una apariencia calmada escondía la ansiedad, el respirar de mi alma. El corazón se aceleraba, me sentía fuerte, capaz de todo, como si la electricidad de un rayo recorriese mi carne. Días antes no sabía quien eras… pasado el tiempo… la sangre de mis venas te daría si lo pidieras.

Envuelta en el caprichoso movimiento del humo, enturbiaba mi mente cavilando como lograrte, buscando una estrategia que te hiciese amarme, luchaba desesperada por un mañana a tu lado.

Un mes transcurrió y por fin juntos, mano a mano compartimos los baches de una vida que nos ha mantenido enlazados ya tres años. Paseamos de la mano por la calle, tú feliz por seguir a mi vera… yo aun obnubilada en las ensoñaciones amorosas sobre tu persona rogando al tiempo que nunca… nunca te deje marchar.

Un bocadillo de tortilla siembra el caos.

Eran las dos y veinte de la tarde de un soleado día tres de julio del año 2006. Sumida en la infernal temperatura madrileña tan habitual en esas fechas me disponía a transportar mi equipaje hacia el autobús que me llevaría de vuelta a mi Cantabria natal tras un fin de semana de vacaciones.

La estación se encontraba a rebosar, la gente corría cargada de acá para ya. Yo empezaba a familiarizarme con la vida de una mula de carga, mientras arrastraba el excesivo conjunto de maletas que había llevado para solo tres días en la capital de España.
Cuando al fin subo a ese enorme trozo de metal, incomodo donde los haya, miro a mi alrededor y solo veo un pobre grupo de pasajeros colocados como sardinillas picantonas en una lata sumamente enana. Entre ellos destaca lo que parece ser un híbrido entre hombre- mujer. Más tarde, descubro que es una mujer… pero con un concepto de la depilación facial de lo más… dejémoslo en particular.
Transcurren dos horas y media y tras una sesión de cine de calidad… tan típico en los buses… ¿seguro que conocen la película, es princesa por sorpresa… segunda parte…por fin realizamos la parada de turno en un área de servicio cercana a un pueblecito muy mono llamado Lerma.
Hay veinticinco minutos de descanso y lucho con los presentes en la cafetería, la victoria en forma de apetitoso bocadillo de tortilla y Coca-cola ya están en mi poder. Me siento a degustar el botín, el megáfono de la sala no para de torpedear los avisos a los pasajeros para que se dirijan a sus respectivos autocares, yo seguía absorta en mi paraíso gastronómico particular. Cuando culmino de experimentar mi éxtasis místico al más puro estilo San Juan de la Cruz… decido salir hacia la explanada, acabo de oír nombrar a mi vehículo en el trasto ese.
Subo, me siento. ¿Juraría que me sentaba algunas filas atrás? ¿ dónde diablos he metido mi mochila?. Un escalofrío recorre mi cuerpo… ¿ Señora, este autobús va a Santander verdad?- No, este va a Madrid, el de Santander marchó hace rato.
Aaaaaaaaaaah!
Mis maletas van camino de Santander sin mí, corro a la recepción, le explico el caso a una señorita muy simpática que hace una llamada para que mis maletas sean rescatadas y almacenadas en una oficina de la estación de mi destino. Me explica que tendré que esperar al próximo bus, para que este me acerque hasta allí.
Vuelvo al bar, trato de llamar con mi móvil a casa, casualmente se ha quedado sin batería… motorola tenía que ser. Finalmente logro llamar a mis familiares y explicarles la situación, es decir, me hipoteco en una cabina cochambrosa solo para que mis seres más queridos me pongan verde.
Transcurren cinco horas, hasta el momento, lo único que he hecho es gastarme casi la totalidad del dinero en todas las chucherías del área de descanso para entretenerme y calmar los nervios.

Ya es de noche, las diez y por fin aparece ante mis ojos el esperado ente salvador: el autobús de un equipo de fútbol juvenil de tercera, con mamás entusiastas y un Papá Noel entrenador. Con este pintoresco grupo de acompañantes, llego a las dos de la mañana a la estación de Santander tras haber hecho un sinfín de paradas en pueblos que conocían sus habitantes y cuatro o cinco personas más en todo el planeta.

Allí me esperan mis maletas... y lo que es peor... mi padre con un discurso sobre su tema favorito: "Gema... eres un desastre." Durante el camino... "mi erudito progenitor..." sigue con su parlamento, sin darse cuenta de que yo... sencillamente no le estoy escuchando. Solo puedo pensar en la aventura vivida...increíble pero CIERTA.

martes, 23 de octubre de 2007

Las desigualdades de un sistema inhumano.

A menudo oímos en la calle, en los medios de comunicación, en las bocas de las personas que nos rodean… la pobreza que asola a los países comunistas: Rusia, Cuba, etc, etc. Sin embargo, todo el mundo parece olvidar la pobreza que sufren muchos de nuestros compatriotas.

Mientras algunos se van de compras a Giorgio Armani, adquieren estupendos Porsches, Lamborginnis, los famosos Ferrari o los ya tan extendidos Mercedes Benz… Otros intentan sin éxito comer ese día o mal dormir sobre un par de cartones. ¿A quién le importa?... La respuesta está clara… a nadie… o mejor dicho a casi nadie.

Un familiar muy cercano me dijo una vez: “Para que unos vivan bien, alguien tiene que vivir mal… y la verdad me da igual”. La susodicha afirmación demuestra el egoísmo repugnante de una gran parte de la sociedad.

A la gente “de bien” no le interesa lo más mínimo el sufrimiento de su prójimo. Sus ansias de futuro se reducen a codiciar objetos banales, a adscribir a sus cuentas bancarias ceros y ceros, incrementando su tiranía, aumentando su carencia de humanidad, su indiferencia, indolentes ante la miseria y la injusticia que les rodea.

Se critica excesivamente el comunismo, se habla de la paja del ojo ajeno sin ver el gran tablón que ciega el nuestro. Tal vez deberíamos aunar nuestros esfuerzos en crear un sistema económico justo en lugar de echar las lenguas viperinas a pacer.

Una paliza disfrazada de deporte

Son las ocho y media de la tarde, me dirijo a mi últimamente poco frecuentada clase de kickboxing, una actividad estupenda… si se practica con sentido común.

Comenzamos con un leve calentamiento muscular y alguna que otra coreografía de golpes sencillos, por ejemplo un par de directos y un crochet, sucesiones de loukis (patadas usando la tibia como artífice del golpe), japs, etc.

Hasta el momento todo marcha bien, nadie está demasiado cansado ni maltrecho. El problema de esta disciplina es que te pueden agredir solapádamente.

Ensayo con cuidado cada golpe para no dañar a mi compañera pero… ella hace más bien lo contrario. Pronto me empiezan a doler las piernas, algún que otro grito se escapa de mis labios. Trato de explicarle que debe tener cuidado… que me duelen mucho sus mamporros. A pesar de esto sus impactos no son ni siquiera un ápice más moderados.

Continua atacándome ferozmente… no mide su fuerza- pienso. Prosigo con mis ejercicios hasta que no lo aguanto y me voy alegando tener trabajo que hacer, lo cuál es cierto.

Ya en casa siento en mi cuerpo los estragos de la paliza que he permitido que mi amiga me dé. Reflexiono sobre ello y me planteo: ¿Controla o no la intensidad de sus ataques?. Los primeros hematomas aparecen casi instantáneamente sobre mi piel, magullada escribo estas líneas.

Probablemente tenga que abandonar lo que puede ser una interesante distracción, inofensiva y divertida, por la gravemente inquietante brutalidad de otra persona. ¿Qué les parece?

domingo, 21 de octubre de 2007

¿Hogar dulce hogar?

Desde la más tierna infancia, la convivencia nos da problemas. Los horarios, el orden, la limpieza… la dichosa disciplina. Los primeros en sufrir este tipo de conflictos son los padres… Mi hijo es un desordenado, mi niña nunca está en casa a la hora, estoy harta de que me deje todo tirado por ahí… y un amplio etc, etc, etc

Estas pequeñas disidencias, lejos de cambiar se acentúan en el momento que el virus de la pubertad abre sus fauces y devora a los niños inocentes, sumiendo sus cuerpecillos en un mar de hormonas, rebeldía y en algunos casos una dosis de profunda imbecilidad.

Cuándo esta enfermedad, conocida popularmente como adolescencia, parece aplacarse, los muchachitos/as han de abandonar el nido para soñar con una ansiada independencia que suelen identificar directamente con la libertad.

Los pobres incautos desconocen totalmente la losa que les cae encima. Primero llegaban a casa del instituto ante un suculento plato caliente, ahora han ponerse a cocinar. Antes su único deber era estudiar, en cambio su soñado futuro les depara: ir al supermercado, bajar la basura, fregar los platos, hacer comidas, pasar la aspiradora, limpiar el baño y en algunos casos…estudiar los apuntes de la facultad.

Yo no asociaba la libertad con fregar retretes ¿ y ustedes lectores?. Esto demuestra que cuando somos niños despotricamos alegremente sobre nuestros padres y sus normas fascistas pero… a la hora de la verdad debemos entonar el famoso proverbio: “ hogar dulce hogar”.

El verdadero sufrimiento

A menudo las personas se quejan de dolores… afecciones remediables con uno o dos comprimidos farmacológicos. En cambio, los seres humanos, a menudo ocultan los padecimientos que realmente afligen sus almas. Unas veces por vergüenza, otras por aparentar una fortaleza que ciertamente no es tal, los individuos esconden a sus semejantes los secretos de sus corazones.

Entre tanto… ¿cuál es el certero significado de la palabra “dolor”?. Este, no es otro que el tormento interior, la depresión del ánimo, el cáncer del alma que hace desgarrar la carne y sangrar gotas incoloras a los ojos. En la mayoría de las ocasiones, son las heridas psíquicas las que hacen caer al hombre más fuerte en un pozo de amargura que acaba por reducirlo a la senectud a velocidad vertiginosa.

Son las cosas que callamos las que nos pudren por dentro y recorren nuestras venas envenenándonos la sangre, asesinando los sentimientos que albergamos y reduciendo a cenizas el espíritu que nos hace únicos.

Narramos a los cuatro vientos trivialidades, mientras nos pudrimos, masacrándonos a nosotros mismos con problemas, con preguntas sin respuesta, con gritos silenciados...

En el siglo V antes de Cristo, Platón ya advertía: “El cuerpo es la cárcel del alma”… aprendamos pues a comunicarnos, prestemos ayuda al prójimo… rompamos los grilletes que nos esclavizan.

lunes, 15 de octubre de 2007

Retransmitiendo desde el abismo

Son las ocho y media de la tarde y el vil transcurso del tiempo ha derrotado a Cristina. Arrastrando los pies, asciende los peldaños del portal para llegar al piso que comparte con dos amigas. Ellas están sentadas ante el televisor comiendo patatas fritas, ¡ que suerte tenéis!- piensa. Yo ni siquiera puedo disfrutar un yogurt sin sentirme culpable- continua torturándose.
Resignada se encierra en su habitación y se cambia de ropa. Quitado el disfraz que enmascara su demacrado aspecto, sus huesos... resurgen horriblemente al ojo humano. Mira al suelo, está lleno de pelos desperdigados, se ven al primer vistazo. A pesar de las vitaminas... su lindo cabello pelirrojo continua abandonando el barco.
Saca su bascula digital... como cada maldito día de su trágica y anodina existencia. Sus últimos atracones en un vano y fugaz intento de salir del oscuro abismo en el que se precipita segundo a segundo, han hecho que su carne aumente de 40 a 41,8 kilogramos. Cristina quiere morir, desea dormir de una vez por todas, sencillamente descansar de la tiranía y la tortura que su cerebro infringe a esos 168 cm de dolor que conforman su ser.
Helada de frío se acurruca bajo sus tres edredones, ya no llora, ¿de qué serviría?, odiándose a sí misma recuesta su frágil cuerpo hasta la agonía siguiente, suplicando, rogando mentalmente a quien quiera que escuche... dejar de respirar de una vez para siempre.
Cristina tiene muchos nombres... no seas uno de ellos. Apuesta por vivir.

Hombre versus tecnología

Un día más he de meterme en internet... mi estress sube como espuma, los nervios se me disparan, la sangre comienza a hervir... ¡dichosas nuevas tecnologías!
Abro el portátil y me conecto, espero a que ese mundo vertiginoso de datos se abra a mis ojos, un miedo gélido recorre mi cuerpo, tengo que hacer trabajos con este endemoniado aparato, el tiempo apremia y mi pc es demasiado lentorro. Uffff! ¿Pueden sentir la tensión ambiental?
Trato de acceder a mi espacio, olvidé cuál de los dieciocho billones de contraseñas que utilizo a diario es la correcta, comienzan los errores. Navego... o debería decir me ahogo... entre un sinfín de help webs de las narices leyendo japones avanzado. ¡Hace calor o solo soy yo!
Tengo tanto que hacer y tan poco tiempo...
Tras desesperarme, creo otro rinconcito nuevo de trabajo, luchando encarnizádamente con el siglo XXI acabo mis quehaceres, histérica y harta de tanto www.soyimbecil.com ¿ Por qué no volvemos al preciado bic de los viejos tiempos?
Admito que la tecnología es un gran avance pero... ¡ Por favor, diseñenla ustedes para tontos! que algunos tenemos prisa.
Mi particular definición de nación

En el siglo diecinueve un grupito de nobles decidió inventar un término con el cual unir a toda la población española. Una palabra con la que identificarlos a todos. Un vocablo para gobernarlos, un mecanismo más de control.

Desde entonces hasta ahora se ha reído, se ha llorado… pero sobretodo se ha peleado en nombre de ese absurdo conjunto de letras que conforman la entidad “nación”.

Mientras… el líder de la oposición… o debería decir de la CRISPACIÓN… Mariano Rajoy, anima a las gentes a llenar las calles con pompones rojos y amarillos vitoreando un animoso: “soy español”, la banda terrorista ETA prefiere celebrar su nacionalidad haciendo volar los coches del casco viejo bilbaíno. Sin duda en este “país”… o lo que sea… tenemos celebraciones para todos los gustos.

Entre tanto, Rodríguez Zapatero, intenta devolver la calma a lo que más parece un manicomio que un territorio nacional.

La cuestión es: ¿ Es la nacionalidad una excusa para tirarse los trastos a la jeta?. Todo parece apuntar a una respuesta afirmativa al dilema que se posterga décadas en las cabezas del populacho. La solución está muy clara y se reúne en una idea en peligro de extinción: RESPETO. ¿ A alguien le suena?