domingo, 21 de octubre de 2007

¿Hogar dulce hogar?

Desde la más tierna infancia, la convivencia nos da problemas. Los horarios, el orden, la limpieza… la dichosa disciplina. Los primeros en sufrir este tipo de conflictos son los padres… Mi hijo es un desordenado, mi niña nunca está en casa a la hora, estoy harta de que me deje todo tirado por ahí… y un amplio etc, etc, etc

Estas pequeñas disidencias, lejos de cambiar se acentúan en el momento que el virus de la pubertad abre sus fauces y devora a los niños inocentes, sumiendo sus cuerpecillos en un mar de hormonas, rebeldía y en algunos casos una dosis de profunda imbecilidad.

Cuándo esta enfermedad, conocida popularmente como adolescencia, parece aplacarse, los muchachitos/as han de abandonar el nido para soñar con una ansiada independencia que suelen identificar directamente con la libertad.

Los pobres incautos desconocen totalmente la losa que les cae encima. Primero llegaban a casa del instituto ante un suculento plato caliente, ahora han ponerse a cocinar. Antes su único deber era estudiar, en cambio su soñado futuro les depara: ir al supermercado, bajar la basura, fregar los platos, hacer comidas, pasar la aspiradora, limpiar el baño y en algunos casos…estudiar los apuntes de la facultad.

Yo no asociaba la libertad con fregar retretes ¿ y ustedes lectores?. Esto demuestra que cuando somos niños despotricamos alegremente sobre nuestros padres y sus normas fascistas pero… a la hora de la verdad debemos entonar el famoso proverbio: “ hogar dulce hogar”.

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