Corres y corres a todas partes. Hay tanto que hacer… los trabajos se amontonan, los apuntes necesitan un repaso, debes pasar a limpio esas hojas que te prestaron, redactar aquellos ejercicios… y esa práctica que olvidaste… ¡Te llevará toda la noche!
No tienes tiempo y quedaste en bajar a la compra y limpiar el salón, le dijiste a tu amiga que esta vez sí la acompañarías al gimnasio… se te ha hecho tarde. Casi sin darte cuenta, has vuelto a dejar colgado a alguien que te importa.
¡Los e-mails que debías enviar a tus compañeros, a tus profesores… se acumulan en tu cabeza…! y la campaña publicitaria!...esta decidido: tienes que ir a un cibercafé y conectarte a Internet.
Parece que tu mundo se acaba, que tu vida se desmorona, que no controlas nada.
¿Puedes sentirlo? Seguro que esto te ha ocurrido alguna vez. Se denomina estress y acorta muchas vidas cada día. Es un miedo intenso, genera a quienes lo padecen una ansiedad aguda hacia los proyectos de su jornada cotidiana, agrava muchas enfermedades, deprime el ánimo, dispara el nerviosismo…
No paramos de agobiarnos con lo que al fin y al cabo son tonterías. Podemos hacer mucho más de lo que creemos, incluso cosas que hoy por hoy desconocemos, pues únicamente usamos el 10% de nuestra capacidad cerebral. Solo tenemos que creer un mínimo en nosotros mismos, en nuestras posibilidades, organizar bien las horas que necesitamos para realizar esos trabajillos y sobretodo tranquilizarnos.
Si nos lo proponemos podemos erradicar este mal que aqueja a millones de personas en el mundo y les condena a medicaciones como los ansiolíticos y los antidepresivos. Todo puede arreglarse con una dosis diaria de pensamiento positivo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario