domingo, 25 de noviembre de 2007

Mi diosa, mi musa, mi reina.

Cuando las llamas estuvieron a punto de arrancarme de este mundo… ahí estaba ella. Cuando mis amigas me dañaban… ahí estaba ella. Cuando mi corazón sollozaba… ahí estaba ella.

Me enseñó a ver la vida con ojos sensibles, forjó mi bondad. Intentó darme unas creencias. Me aceptó tal cuál soy y me dio su cariño sin reservas. Me alentó siempre a mirar el futuro con optimismo, a luchar por lo justo… por las cosas que en el mundo merecen la pena. Logró que sintiese que la vida puede ser bella.

Tan cariñosa, dulzura en rostro de mujer, tan frágil y a la vez tan fuerte. Superando su día a día y dando sentido al mío. Siempre junto a mí… apoyándome… ayudándome a entender lo que siento. Sacando lo mejor que llevo dentro.

Aquella en quién confío, el faro que guía mi existencia, la luz de mi oscuridad, la cuerda que me sujeta en el abismo. La mayor fuente de amor incondicional que he conocido. Mi madre… mi estrella.

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