domingo, 25 de noviembre de 2007

El lamento que no deseamos oir

A las puertas de las fiestas navideñas… del aniversario del nacimiento de Cristo, esas fechas en las que se promueven la paz, el amor, los lazos familiares, el perdón… y sobretodo la solidaridad con el prójimo… 200 000 personas duermen cada noche en las calles españolas. Existen un total de 800 000 pobres en nuestro país.

Mientras muchos nos precipitamos en masa a comprar polvorones, bombones, mazapanes, turrones de mil y un tipos… otros tantos tienen que hacer milagros para comer ese día.

En una época en la que el consumismo se dispara… en que nos gastamos auténticos pastones en comida… debemos pensar en aquellos que no tienen nada que llevarse a la boca. Afortunadamente, aún hay quienes se preocupan por los más desfavorecidos… voluntarios altruistas que se levantan de madrugada para acudir a Merca Madrid y a 91 restaurantes de la zona con el fin de recoger todos sus productos perecederos excedentes para repartirlos en bancos de alimentos.

Estos responsables se encargan de retirar de algunos comercios, los alimentos que están cercanos al cumplimiento de su fecha de caducidad o que por otros motivos no serán utilizados, posteriormente los llevan a diversos edificios donde se distribuyen entre los necesitados. A dichos lugares se les conoce como bancos de alimentos. Hay un total de cincuenta bancos alimenticios en Madrid y un banco por cada una de las restantes ciudades de España… pero esto no es suficiente.

Los sábados y domingos los bancos se encuentran cerrados y muchos han de lanzarse a los contenedores a la búsqueda de la supervivencia. Un indigente narra como ha obtenido de la basura cercana a un supermercado ciento y pico litros de leche en perfecto estado, los propietarios tiraron el cargamento lácteo porque los envases estaban manchados. Exactamente lo mismo le ocurre a otro sin techo con una gran caja de botellas de aceite de oliva.

Muchas personas con buen aspecto hurgan a altas horas… amparadas en el manto de la noche, entre las basuras de los barrios adinerados de Madrid y de otras ciudades de nuestra nación. Poseen una pensión de trescientos euros mensuales que no les alcanza para vivir y avergonzados tratan de encontrar entre lo que sus semejantes desechan algo que puedan aprovechar, se les conoce como “pobres vergonzantes.”

A pesar de toda esta miseria… algunas empresas siguen mirándose el ombligo y en lugar de prestar su ayuda actúan cruelmente. Este es el caso de una famosísima industria de bombones que todos los años… coincidiendo con los meses de abril a septiembre… tira a los basureros toneladas de bombones que ya no se venden. Lejos de darlos a un banco de alimentos… pasa una apisonadora por encima de las toneladas de chocolate para asegurarse de que no puedan ser consumidas.

Es necesaria la cooperación y concienciación de todos a fin de contribuir a la justicia y la igualdad en nuestros territorios. Dejemos de pensar con nuestro estomago y escuchemos lo que grita nuestro corazón.

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