domingo, 2 de diciembre de 2007

Caminando hacia la muerte.

El primero casi nunca nos gusta y sin embargo por algún motivo irracional… continuamos haciéndolo. Nos mareamos y acabamos tirados en la cama o sentados con un fuerte dolor de cabeza y una sensación de debilidad recorriendo nuestro cuerpo.

Nos ensucia los dientes, obstruye las arterias, degrada a cero el rendimiento físico… pone en un gravísimo riesgo a nuestro sistema cardiovascular, introduce en el cuerpo humano una infinidad de toxinas… venenos desconocidos que nos pudren por dentro.

Disminuye la fertilidad en los varones, inhibe la percepción de los sabores, privando a la lengua de su sensibilidad. Llena la garganta de laceraciones, hace explotar algunos de los pequeños vasos sanguíneos que abastecen los pulmones, convirtiéndolos en rocas negras… atrofiándolos… asesinándolos. A la larga consigue provocar el temido “cáncer”.

Con el tiempo absorbe nuestra voluntad, se convierte en un acto indispensable… tras las comidas, antes de entrar a trabajar, al coger el coche o el autobús… en el descanso. En teoría ocupa nuestro tiempo para “calmar los nervios”… en realidad nos obliga a inocularnos en dosis sucesivas… nuestra propia muerte.

Es el tabaco, la droga que más adictos mata cada año, que nos quita millones de pesetas, solo para llevarnos lenta y dolorosamente a morir. Lo que empezó siendo una estupidez… se ha convertido en una espiral que nos lleva directamente a la cruel agonía de un paulatino fenecer.

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