Recuerdo de modo entrañable aquellos ratos de mi niñez en los que pasaba las horas libres leyendo. Los minutos volaban… mientras que mi imaginación me transportaba a un cielo estrellado de nubes parlantes, a una ciudad de caramelo, a una casita de chocolate, a un reino de cristal helado, a un palacio en el infierno o incluso a un remoto monasterio medieval.
Añoro las tardes tras el cole, en las que reía sin cesar con las aventuras de un fraile gordezuelo llamado Perico… con las peripecias de un burro cuyo nombre era Calcetín. En cambio, hoy en día los niños no gozan los insólitos mundos que les ofrece la lectura… prefieren adherirse como posesos a la pantalla del televisor y a los mandos de la nueva wii.
Enganchados con cadenas de fibra óptica a la tecnología, aprendiendo informática, oyendo música en sus MP3, jugando con la Nintendo, hablando con sus amiguitos por el móvil, viendo los dibujos de Disney Chanel y las series infantiles de la Fox. Cada día… los más pequeños se asemejan más a los robots, rodeados por un número inagotable… y aún peor… creciente de artefactos metálicos.
Concretamente los hábitos televisivos de la gente menuda son ciertamente alarmantes. Según un estudio de la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CCEACCU) el 11% de los niños ve la televisión cada día en el televisor de su dormitorio sin compañía alguna. El 79% de los menores de seis años lo contemplan a diario, el porcentaje aumenta hasta el 92% en el caso de los mayores de doce años. Exactamente en la mitad de los hogares españoles el televisor permanece encendido aunque no se esté atendiendo a su programación.
El CIS estima que un 40% de los padres españoles consideran que sus hijos ven demasiada televisión, igual es la cantidad de familias que destina un aparato televisivo para uso exclusivo infantil. Este organismo añade que un 50% de los críos ve la caja tonta solo o con sus hermanos como única compañía.
No hace muchos años los progenitores infundían en sus vástagos actividades deportivas, culturales y que implicaban el desarrollo de relaciones sociales tan sanas y naturales como la amistad. Actualmente la tecnología…sobretodo la televisión y los videojuegos… están absorbiendo dichas iniciativas paternas. Se deben de tener muy en cuenta las consecuencias de estos cambios. Los niños pueden acabar padeciendo trastornos de la atención y de la concentración debido a que un uso abusivo del aparato televisivo propicia una atención dispersa y fragmentada en el usuario que la consume.
No hay que olvidar que la televisión produce adicción si se utiliza de un modo excesivo, a la par que conduce a un sedentarismo que puede incluso llevar al consumidor hacia la obesidad. Por otra parte, no hay que olvidar que los niños tímidos e inseguros son blancos perfectos para los programas dramáticos y violentos, además de ser excelentes imitadores de las actitudes que se les muestran con normalidad en la programación. También los estereotipos son altamente peligrosos para los que Joán Manuel Serrat bautizó como esos locos bajitos.
Atendiendo a los datos expuestos por el Instituto de Creatividad e Innovaciones Educativas de la Universidad de Valencia… el 30% de la población infantil enciende la tele nada más entrar en casa, frente a un 18,8% que juega con sus hermanos, un 13,1% que escucha música o un 10,9% que lee.
Todo esto constituye una enorme luz roja que intenta decir a los padres de hoy en día que dejen de lado la comodidad a favor del bienestar de sus hijos. Es muy fácil enchufar al niño al televisor para que os deje descansar un rato pero… las consecuencias de vuestra negligencia pueden ser irreparables. ¡Reaccionad a tiempo y salvar a quienes más queréis!
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