Afortunadamente, en la actualidad, vivimos en una sociedad muy avanzada en materia sexual. Los medios para el ejercicio de una sexualidad plena segura y responsable son innumerables. Desde el tradicional preservativo hasta la siempre polémica “pastilla del día después” o comprimido postcoital, sin olvidar la píldora anticonceptiva de uso diario, el diafragma, el anillo contraceptivo, el dispositivo intra-uterino, etc, permiten evitar todo tipo riesgos derivados del sexo.
Sin embargo, el número de pacientes tratados por enfermedades de transmisión sexual (ETS) va en aumento y los embarazos no deseados continúan incrementándose. En ocasiones por inmadurez, otras veces por inconsciencia o por irresponsabilidad lo que bien puede ser una diversión esporádica… se convierte en algo traumático.
Recientemente, ha salido a la luz pública, el escandaloso caso de presuntos abortos ilegales en cuatro clínicas ubicadas en el barrio Tres Torres de Barcelona. Al menos en el caso de dos de estos centros, “Ginemedex y Emecé”, se poseen pruebas incriminatorias que revelan como su director Carlos Morín, aceptaba la realización de un aborto a una mujer que contaba ya treinta y una semanas de gestación, lo cual es contrario a La Ley.
Según establece el artículo ciento cuarenta y cinco del Código Penal, toda interrupción de un embarazo practicada una vez transcurridas las veintidós semanas de desarrollo fetal constituye un delito. Salvo si se dan alguna de las tres circunstancias atenuantes
siguientes: malformación grave en el feto, elevado riesgo para la salud física o psíquica de la madre, o fecundación producto de una violación.
En estos lugares abortistas se falseaban ecografías… se manipulaban informes para mostrar a las pacientes como enfermas de gravedad… y tras burlar de estos y de otros modos la legislación vigente…el ensañamiento incrementaba… se trituraban los restos del bebé para encubrir su avanzado desarrollo. Inmediatamente después se procedía a la eliminación del cuerpo. Por un coste económico que oscilaba entre cuatro mil y seis mil euros muchas madres pudieron tirar a sus hijos por el desagüe, asesinarles en un edificio e irse impunemente… aliviadas, pensando que todo fue un mal sueño.
El juzgado de instrucción número treinta y tres de Barcelona ya procesa a una mujer holandesa de veinticuatro años, clienta de uno de estos paraísos del crimen, junto con ella, cuatro médicos se hallan también en similar situación, debido a sus presuntas prácticas atroces. Los acusados se enfrentan a entre uno y seis años de prisión. La Justicia ha manifestado su intención de localizar a más culpables de esta carnicería.
Asesinatos aberrantes, sádicos… crueles como estos deben evitarse utilizando el sentido común. No se puede arreglar la falta de responsabilidad ordenando la matanza de inocentes. Con un mundo plagado de mágicas medicinas es denigrante que aún existan Herodes que degüellan criaturas para encubrir su iniquidad.
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